La playa es la mejor opción para los pobres

Para los padres de familia de la clase pobre, la mayoría en Cuba, el periodo vacacional es un enigma ante las pocas opciones recreativas donde llevar a sus hijos luego de un año de estudio.

Este año la televisión vuelve a ocupar el lugar número uno entre las ofertas a la mano, seguida de la playa, que para los habitantes de los barrios lejanos de las zonas costeras constituye una odisea, por el problema del transporte y el costo que conlleva “pasar un rato feliz”.

“Hay que organizar una expedición para ir a la playa y gastar muchas balas”, dice Jorgito, residente en el Reparto Eléctrico, a ocho kilómetros de la costa. “Pero hay que ir a refrescar, porque con este calor y este sol te derrites”.

En cambio, Chirino, que vive junto al mar en Jaimanitas, apenas la visita. “Tengo un niño de tres años que se cansó de que lo lleve al mismo lugar y quiere otra cosa. Ahora solo repite: ‘parquecito’. Pero los cuatros parques de Jaimanitas están desbaratados. No queda ni un columpio, ni una sillita. Es un peligro llevar a un pequeño allí por el mal estado de los aparatos”.

Carmen es licenciada en Cultura Física y profesora de una escuela secundaria en el reparto Flores, tiene dos niños varones que le pidieron que este verano los llevara al Parque Lenin, pero a Carmen le resultó imposible.

“O los llevaba al Parque Lenin o arreglaba el televisor, una de las dos, y escogí lo último al recordar que en las vacaciones pasadas los llevé y la pasamos tan mal que juré no regresar allí”, dice.

Las opciones recreativas para el verano son escasas y con ofertas limitadas. Tienen entre sus atractivos el campismo y los hoteles, que resultan inalcanzables para el cubano común por sus altos precios, que no están en correspondencia con los bajos salarios de los trabajadores. Las ofertas más baratas, como el Acuario y el Zoológico, están subutilizadas y con la plantilla de animales diezmada.

Noelia, de Lawton, dice que estudiaba en la Universidad y tuvo que dejarla cuando quedó embarazada. Ahora es cuentapropista y se dedica a la venta de ropa. Comenta que se fue a vivir al Bajo de Santa Fe, una zona que según le advirtieron sus antiguos dueños, evacúan con las penetraciones del mar.

“No me importa que de vez en cuando me evacúen, si el resto del tiempo lo paso respirando aire libre y con el agua cerca. Antes vivía en Lawton, donde el calor era sofocante y el hacinamiento y el estrés me asfixiaban. En la permuta para Santa Fe perdí un cuarto, pero gané en salud y tranquilidad, porque no imaginas cuánto gastábamos en viajes a la playa”, recuerda.

Como sucede en todos los veranos, un enjambre de gente baja de las alturas de La Habana, en ómnibus o a pie, a refrescarse en la orilla del mar. “Porque no hay donde ir”, dice Yipsy, subdirectora de una escuela primaria con una nieta de ocho años a su cargo, a la que prometió en estas vacaciones realizarle un plan de actividades.

“Salimos tres veces y me fundí”, dice Yipsy. “Primero la llevé al Parque Inflable y fue un chasco. Una locura de cola de dos horas para entrar, después otra igual para comprar las galleticas y, por último, otra cola para montar el único aparato que funcionaba, solo por cinco minutos. ¡Terrible!”

“Después la llevé al Monte Barreto”, continúa, “al que la televisión nacional le da tremenda propaganda y cuando llegamos allí no había nada, solo unos voyeristas agazapados entre los arbustos que nos hicieron correr”.

“Por último, la llevé al Zoológico de 26 y lo único que hice fue sufrir al recordar mi niñez, el trencito, el parque de diversiones, las confituras. Allí solo encontramos cuentapropistas vendiendo juguetes caros y un olor a putrefacción que me provocó náuseas. Después de ver los monos entramos a un restaurante de mala muerte con pésimo trato y un menú ortopédico de un solo plato fuerte, frío, acompañado de una ensalada más vieja que yo. Además de caro, salimos con la misma hambre. Le dije a mi nieta: ‘¡Se acabó!’ De ahora en adelante tus vacaciones son la playa. Cocino la comida en la casa y nos la llevamos, así no tenemos que comprarla. Fue la solución que encontré para las vacaciones y creo que es la mejor opción para el cubano”.

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